Los profesionistas de la salud mental cada vez consultamos mas jóvenes y adolescentes que acuden porque les aqueja estar deprimidos, presentan mayormente estados continuos de tristeza, no gozan de la vida, se sienten confundidos, no se concentran en sus estudios, batallan para aprender, tienen malas relaciones con sus hermanos, sus padres y sus compañeros y algunos de ellos tienen conductas temerarias o dañinas que ponen en riesgo su salud como consumir drogas, alcohol, tabaco, conducir vehículos bajo el efecto del alcohol o drogas, o bien conductas agresivas o sexuales impulsivas sin temores a las consecuencias inherentes.
Resulta que en México la población de edad comprendida en la edad de 15 y 44 años las lesiones auto inflingidas constituyen la 4ª. causa de muerte y la 6ª causa de mala salud e incapacidad con las consecuentes tragedias que cotidianamente son tratadas por la insana nota roja de los periódicos y medios que irresponsablemente tratan en forma indigna a las victimas y sus familiares.
Hoy en pleno 2010 se suicidan, en promedio, 128% más jóvenes mexicanos que hace 20 años. Mil 924 personas de entre 15 y 29 años se quitaron la vida en 2008, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Mil 81 más que en 1990, cuando se registraron 843 suicidios. El suicidio en jóvenes es la tercera causa de muerte violenta de jóvenes, después de los accidentes y los homicidios y representa 41% del total de los suicidios registrados en el país.
Por cada joven que logra matarse, 20 más lo intentan. Tan sólo en 2008, 349 mil 987 jóvenes de 12 a 29 años trataron de quitarse la vida. Dos mujeres por cada hombre. Son más que todos los estudiantes inscritos en las escuelas preparatorias y universidades públicas los que mas recurren a este tipo de intentos en el marco de sus conflictos con sus padres, novios, amigos y la escuela; en este último por los problemas con su aprovechamiento escolar, la reprobación y la violencia escolar que padecemos. La conducta impulsiva de jóvenes y el consumo de drogas eleva el riesgo de suicidio. Lo aceleran problemas familiares, ser pobre y la deserción escolar.
De acuerdo con el Instituto Mexicano de la Juventud las entidades donde más se suicidan los jóvenes son Tabasco, Guanajuato, Coahuila, Distrito Federal y Chihuahua. Las ideas sobre quitarse la vida están iniciando a los diez años. A los 12 empiezan con el plan, y el pico de riesgo de hacer un intento es a los 15 años”, explica Corina Benjet, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente. En dos años, Frida lo ha intentado siete veces; la primera, en diciembre de 2008, tenía 15 años: el novio la dejó por la mejor amiga. Le diagnosticaron depresión mayor con episodios sicóticos. Los fármacos que le recetaron la mantienen prácticamente dormida. No puede ni ir a la escuela. Tiene 17 años. “No tengo metas, no veo al futuro… me siento muy triste, muy deprimida, yo ya no quiero vivir. Quiero dejar de escuchar esas voces”, apenas articula.
Los trastornos psiquiátricos que mas prevalecen en los suicidios y los intentos suicidas son las trastornos afectivos como la depresión que se presenta en el 60 % de los pacientes generalmente cursando con ansiedad, entre un 10 y 15% tienen esquizofrenia y un 15 a 25 % de los suicidios ocurren en personas que cursan con alcoholismo y abuso de sustancias. Cada vez es más prevaleciente el denominado trastorno bipolar que emerge como estados depresivos continuos que padece el joven en el marco de familiares que han padecido trastornos afectivos y hemos llegado a detectar familias completas que padecen estos trastornos.
El riesgo suicida se incrementa con hechos o sucesos que la persona ha vivenciado como: el abuso sexual o físico, antecedentes familiares de suicidio o violencia, fallecimiento de un amigo íntimo o miembro de la familia, divorcio o separación marcando el fin de una relación afectiva, pobres resultados académicos, exámenes próximos o resultados malos de los mismos, pérdida del trabajo, problemas en el trabajo, procesos legales inminentes, encarcelamiento reciente o próxima excarcelación o la noticia de enfermedad incurable; se potencializa el riesgo suicida de la persona.
Para prevenir la muerte por suicidio es necesario lograr la atención profesional de la persona al observar síntomas depresivos, la existencia de ideas o pensamientos sobre la muerte y sobre todo cuando se ha intentado suicidar, ingiriendo medicamentos o substancias toxicas provocándose lesiones aunque sean de consideración mínima, el peor error es considerar estos comportamientos en forma incomprensiva etiquetarlos como inmaduros, chantajistas, manipuladores o tratar de ocultarlos por vergüenza o temor social pasando a ser parte del estigma del paciente y su familia.
Los familiares, maestros y amigos de los jóvenes deben de canalizarlo para su atención con los especialistas de la salud mental y dejar de asumir la peligrosa actitud de dejar pasar el tiempo y la oportunidad de ser atendido para lograr su recuperación plena.
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