Foto: Javier Botet

 

Javier Botet, Rec la niña de Medeiros

Por: Victor Lucio | Enviado Especial Madrid, España

En medio del bosque los jóvenes se deslizan en sus patines, disfrutando un día de sol que el frío inclemente permitió para el disfrute de los madrileños.
Ellos –los españoles- se tumban en el césped y queman su piel: son blancos y anhelan el color moreno.

Hay niños que viajan bicicletas, carreolas y otros, los más pequeños, en brazos de papá o mamá.

Hay chicas y mujeres hermosas por doquier. Unas caminan por los jardines, otras descansan, de la caminata por el parque, sentadas en cualquier lugar. Los hombres pasan y las miran sin ver: su mejor carta en el juego de la seducción, es la indiferencia, el desinterés aparente.

No juegan al acoso como los latinos. Más bien se muestran como la lombriz en el anzuelo, hasta que alguna llega y se engancha.

Esto ocurre a lo largo del parque El Retiro en Madrid, donde los inmigrantes caminan altivos, pero a sabiendas de que aquello no es suyo, pues son invitados. Aún así disfrutan de ese mundo mágico y bajo los árboles se observa a un grupo de danzarines mexicanos ensayando la danza del venado, mientras varias japonesas los observan curiosas y los moros reviven en sus añoranzas algunos bailes del Islam.

Justo enfrente, en el octavo piso del número 59 de la calle Menéndez Pelayo nos espera una persona a la que la vida –en contraste con quienes deambulan en el parque- le robó la belleza a la que tiene derecho todo ser humano, en un acto de injusticia que la razón nos impide comprender.

El es Javier Botet un actor que saltó a la fama mundial por su interpretación del personaje “la niña de Medeiros” en la película REC, un filme de terror de nueva generación cuyo característica principal es que el bien no triunfa.
Javier Botet tiene 31 años y fue a muy corta edad cuando ingreso a la escuela primaria cuando sus compañeritos le hicieron saber que era diferente.

“Eran crueles”, dice, “se burlaban de mí”.
Él vive con el síndrome de Marfan, una enfermedad que wikipedia define como “rara” ,pues se caracteriza por un aumento inusual de la longitud de los miembros y afecta a distintas estructuras, incluyendo el esqueleto, pulmones, ojos, corazón y vasos sanguíneos.
Se cree que afecta a una de cada 10 mil personas y, a diferencia, de otros problemas genéticos, no afecta negativamente la inteligencia.

Fue a raíz de ese padecimiento que Botet se enclaustró en su hogar en un ensimismamiento que lo llevó por el camino del arte, trazando líneas de las que de pronto surgían hermosos dibujos.
Ese talento lo llevó a estudiar en la Facultad de Artes Visuales en la Universidad de Granada, ciudad a la que llegó su padre con la intención de echar raíces, luego de una vida errante a causa de un trabajo bancario que lo llevaba de un lado a otro.

Trabajo para diversas empresas con requerimientos de creativos en el diseño gráfico hasta que Andalucía le quedó chica y tuvo que emigrar a Madrid, a la búsqueda de nuevas oportunidades.

Un día la oportunidad le llegó en un anuncio publicitario que anunciaba la apertura de un curso de efectos especiales. Inició sus estudios y al ver que su maestro estaba bien conectado por la industria del cine se ofreció para actuar en caso de alguna oportunidad.

Su profesor ya se había fijado en él, pero temía herirlo si le decía que su cuerpo podría servir de mucho para recrear personajes fantásticos o terroríficos.

Botet respondió al maestro que después de lo vivido ya nada le afectaba, así que estaría esperando una oportunidad.

Fue así como surgió su primera oportunidad al participar en la cinta Beneath Still Waters dirigida por Brian Yuzna, después vino REC dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza, posteriormente “Su majestad Minor” dirigida por Jean Jacques Annaud, director de “El nombre de la rosa” y “Siete años en el Tibet”, entre otras.
Siguió con “Barby Killer” dirigida por Miguel Martí y vinieron algunos trabajos para series de televisión como En la mente del asesino, Los hombres de Paco, Planta 25, La que se avecina, Plutón BRB Nero, Escenas de matrimonio y Cuarto Milenio.

“Mi sueño ahora”, dice, “es llegar a Hollywood”.
La oportunidad de ir a la meca del cine le llegó a Botet cuando la Sony Pictures Entertainmet adquirió los derechos de REC para hacer un remake (grabación igual) de la película, misma que hace poco tuvimos oportunidad de ver y que se llamó Quarantine, dirigida por Jhon y Drew Dowle.

“No pude conseguir a tiempo la visa de trabajo”, dijo, “y tuvieron que echar mano de otro actor norteamericano”.
Javier Botet mide casi dos metros sus brazos son largos y sus dedos además de largos son finos.

Su hablar se viste de amabilidad y en la medida que transcurre la entrevista, Javier deja ver esa belleza espiritual que Dios le concedió compensando el error de la naturaleza.

“Lo que una vez me hizo diferente”, dice, “Ahora es mi gran tesoro”.
Y eso es verdad, su trabajo en el cine –pese a lo breve de sus apariciones- le han cubierto de una fama mundial que lo mantiene ocupado. Tiene clubes de fans y los ojos del cine fantástico y del terror están fijos en él.
A veces quisiera estar en todas las películas y acceder a todo lo que le solicitan, pero le es imposible.

Precisamente no quiso participar en la segunda parte de REC, pues se filmaba en diciembre bajo un clima inclemente que amenazaba su salud.

“Tenía que desplazarme por cloacas húmedas y prácticamente andar en braguitas (trusas) todo el tiempo. Tuve que decir no, debía cuidarme”, comentó.

Y Botet no lo hizo por capricho, lleva cuatro operaciones debido a su afección, ha estado a punto de morir, pero su amor al cine lo mantiene vivo.

El tiempo transcurre Javier nos muestra las máscaras que le han construido los maquillistas para participar en la diversas películas.

Toma entre sus manos la máscara de “La niña de medeiros” y la envuelve con sus dedos prodigándole un afecto especial.
Gracias a esa película pudo hacer grandes amigos como Manuela Velazco interprete de Angela Vidal, la reportera que protagoniza la cinta, misma que obtuvo los premios más codiciados como son los premios Goya y los del Festival deInternacional del Cine en Cataluña.
Tomamos fotos, él posa sin prisa en la pared verde limón primero, después en el recibidor de su apartamento. Todo acaba y llega la inevitable despedida.

No marchamos y volvemos a cruzar el parque de “El Retiro”. Los jóvenes siguen incesantes en sus patines, las mujeres y adolescentes caminan en rumbos distintos y paran cuando le llega el cansancio.
Los danzarines continúan su ensayo, los jóvenes siguen de pesca y frente al parque, en el octavo piso de Menéndez Pelayo 59, Javier Botet teje sus sueños. Aquí reina la belleza de la naturaleza, allá la espiritual.

 

Miércoles, 8 Abril 2009

 

 

 

 

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